Rollos de pascua cartageneros

Concilio de Nicea El arrianismo

El monje francés Eugene Eyraud, uno de los primeros misioneros en llegar a la isla, escribió: «En cada cabaña había tablillas de madera o cañas cubiertas de jeroglíficos. Son figuras de animales desconocidos en la isla que los nativos dibujan con piedras afiladas. Cada jeroglífico tiene un nombre. La poca atención que prestan a estas tablillas me hace pensar que estos signos, vestigios de una lengua primitiva, son para ellos algo que hay que conservar más que captar un significado».

Consejo de Jerusalén

que otro reparara los acueductos, limpiara las cloacas, derribara los edificios que obstruían las vías públicas, construyera la primera basílica en el foro cerca de la Curia y emprendiera la lucha contra el

Antiguo/1. En la batalla de Zama los romanos no consiguen asustar a los elefantes de Aníbal, que arrollan a los hastati antes de que las tropas puedan dispersarse y los velites puedan arrollarlos con sus dardos.

Mientras tanto, la caballería cartaginesa huye del campamento, atrayendo a la caballería romana a una trampa, que es reducida a un estado de desorden por los refuerzos de caballería que llegan de Vermina y el cuerpo principal que se vuelve contra él a la vista de los aliados que llegan.

Mientras tanto, los mercenarios de Aníbal repelieron el ataque de los principales de Escipión y cuando la caballería cartaginesa que regresaba apareció detrás de sus tropas y las masacró, éstas no tuvieron más remedio que rendirse.

Ante el agotamiento de sus respectivos ejércitos, Roma y Cartago firmaron un tratado de paz: Cartago se salvaba y Roma no perdía la cara al obtener toda la península ibérica a excepción de una franja de territorio entre Cartago y Cartago.

Concilio de Nicea

El emperador hizo transmitir las decisiones del concilio a todos los obispos cristianos, instándoles a aceptarlas bajo amenaza de exilio. Al final del consejo se establecieron los siguientes cánones («reglas»):

1. prohibición de la automutilación. Especialmente en Oriente, muchos monjes rechazaban la ordenación sacerdotal por considerarla asociada al poder mundano y fuente de orgullo, recurriendo a peculiares expedientes como la automutilación de ciertas partes del cuerpo (véase Orígenes)[11].

Icono que representa a Constantino entre los Padres del Primer Concilio de Nicea (325): el pergamino contiene anacrónicamente el Símbolo Niceno-Constantinopolitano del 381 en la forma que se le dio posteriormente en la liturgia griega (πιστεύω en lugar de πιστεύομεν).

Καὶ εἰς ἕνα κύριον Ἰησοῦν Χριστόν, τὸν υἱὸν τοῦ Θεοῦ, γεννηθέντα ἐκ τοῦ Πατρὸς μονογενῆ, τουτέστιν ἐκ τῆς οὐσίας τοῦ Πατρός, Θεὸν ἐκ Θεοῦ, φῶς ἐκ φωτός, Θεὸν ἀληθινὸν ἐκ Θεοῦ ἀληθινοῦ, γεννηθέντα, οὐ ποιηθέντα, ὁμοούσιον τῷ Πατρί,

Las diferencias entre este texto del Concilio del 325, que anatematiza las declaraciones típicas de los arrianos, y el del Concilio de Constantinopla del 381 se indican en la entrada sobre el Símbolo Niceno-Constantinopolitano.

El donatismo hoy

El donatismo fue un movimiento religioso cristiano que surgió en África en el año 311 a partir de las ideas del obispo de Numidia, Donato de Case Nere (c. 270), apodado «el Grande» por su notable elocuencia.

La corriente de los intransigentes, como Novaciano hacia el año 250 y Melecio de Licópolis hacia el 305, eran partidarios de la línea dura: ningún perdón. La posición oficial de la Iglesia, en cambio, se orientaba hacia una nueva aceptación tras la penitencia, como había sugerido en el año 250 Cipriano, obispo de Cartago.

Cuando Constantino, tras derrotar a Licinio en el año 324, asumió el poder también en Oriente, se vio obstaculizado por el auge del arrianismo en su idea de enviar a los obispos orientales a África para dirimir las diferencias entre los donatistas y los católicos. Cecilio de Cartago estuvo presente en el Concilio de Nicea en 325 y su sucesor, Grato, en el Concilio de Sardica en 343. El conciliábulo de los orientales, en esa ocasión, escribió una carta a Donato, como si fuera el verdadero obispo de Cartago; pero los arrianos no pudieron obtener el apoyo de los donatistas, que consideraban a todo Oriente como desligado de la Iglesia, que sólo había sobrevivido en África.